Europa y el mundo atraviesan un momento de gran transformación.
Frente a la amenaza de una
Internacional
Ultraderechista, y la complacencia de la derecha tradicional con ella, España se erige
como un referente de progreso, derechos y soberanía compartida.
Defendamos nuestro modelo de país.
El momento es decisivo
La extrema derecha forma parte de redes internacionales que amenazan nuestros intereses y nuestro modelo de convivencia, valiéndose de una derecha cada vez más radicalizada que asume sus postulados. Frente a su ruido, oponemos un modelo basado en la justicia social, independencia energética y libertades.
Un mercado sin reglas cívicas genera exclusión. Lo vemos con los alquileres turísticos y el modelo Airbnb, que expulsan a los vecinos de sus barrios. Defendemos al Estado como garante de las reglas del juego que protejan a la mayoría y aseguren el derecho a la vivienda como derecho fundamental, no como activo financiero.
Independencia energética mediante fuentes renovables propias, garantizando precios accesibles y estabilidad para todos frente a la volatilidad exterior.
Cadenas de suministro resilientes y reindustrialización verde decidida para que España y Europa ganen autonomía en los sectores estratégicos del mañana.
El nuevo reaccionarismo no trae mayor libertad, sino la imposición de una moral pública única. Defendemos el derecho de cada español a construir su propio proyecto de vida.
Tecnología e IA con límites éticos explícitos. Una transición justa que proteja el empleo frente a la automatización masiva y que no deje a nadie atrás.
Frente al reto demográfico, un modelo que invierte a través de impuestos en proyectos de alto valor: los ciudadanos como accionistas del progreso colectivo.
Marcos ágiles para atraer y acoger el talento necesario. Retrasar esto significa perder crecimiento económico y dinamismo social frente a nuestros vecinos europeos.
Ninguno de estos proyectos es posible sin un sistema tributario donde quienes más tienen aporten lo que les corresponde. Acabaremos con los paraísos fiscales internos y la elusión sistemática de las grandes fortunas para asegurar el progreso común.